por María de los Angeles Polo.

Carlos Drummond de Andrade nació en Itabira, Minas Gerais el 31 de octubre de 1902 y falleció en Rio de Janeiro en 1987.

Está considerado de forma casi unánime como el poeta brasileño más importante del siglo XX y cabeza visible de la segunda generación del Modernismo en el gigante sudamericano.

Impulsó con su obra, reralmente inmensa, con más de 1500 poemas, el uso del verso libre y los temas provenientes de la cotidianidad.Para él nada resultó ajeno y lo mismo encontramos en ella textos de carácter político, ocasional, junto a poemas vanguardistas…

Hoy, a 117 años de su natalicio lo celebramos en Palabra del mundo con algunos de sus textos emblemáticos..

En medio del camino 

En medio del camino había una piedra
había una piedra en medio del camino
había una piedra
en medio del camino había una piedra.

Nunca me olvidaré de ese acontecimiento
en la vida de mis retinas tan fatigadas.
Nunca me olvidaré de que en medio del camino
había una piedra
había una piedra en medio del camino
en medio del camino había una piedra.

Papá Noel al revés 

Papá Noel entró por la puerta del fondo
(en Brasil las chimeneas no son practicables)
entró cauteloso que ni marido después de la juerga.
A tientas en la oscuridad pulsó el interruptor
y la electricidad golpeó las cosas resignadas,
cosas que seguían cosas en el misterio de la Navidad.
Papá Noel exploró la cocina con ojos astutos,
encontró un queso y se lo comió.

Después sacó del bolsillo un cigarro que no quiso encender.
Tuvo miedo tal vez de prender fuego a la barba postiza
(en Brasil todos los papanoeles tienen la cara afeitada)
y avanzó por el pasillo blanco de luz de luna.
Aquel cuarto es el de los niños.
Papá entró convencido.

Los niños dormían soñando con otras navidades mucho más hermosas
pero sus zapatos estaban llenos de juguetes
soldados mujeres elefantes barcos
y un presidente de república de celuloide.

Papá Noel se agachó y recogió todo aquello
en el interminable pañuelo de yerbas rojo.
Cerró el fardo e hizo un nudo, pero lo apretó tanto
que allí dentro mujeres elefantes soldados presidente peleaban por causa de la aglomeración.

Los pequeños seguían durmiendo.
A lo lejos un gallo comunicó el nacimiento de Cristo.
Papá Noel volvió silenciosamente a la cocina,
apagó la luz, salió por la puerta del fondo.

En el huerto, la luz de luna de Navidad bendecía las legumbres.

Girasol

Aquel girasol en el jardín público de Palmira.
Ibas en coche hacia Juiz de Fora; te habías quedado sin gasolina;
había una peluquería; un fotógrafo; una iglesia; un niño parado;
había también (entre varios) un girasol. La muchacha pasó.
Entre sus senos y el girasol tus ganas quedaron en suspenso.

Ganas muchachas de volar, de amar, de ser feliz, de viajar, de casarse, de tener muchos hijos;
ganas de hacerse una foto con aquella muchacha, de practicar lujurias, de ser infeliz y rezar;
muchas ganas; la muchacha ni lo sospechó…
Entró por la puerta de la iglesia, salió por la puerta de los sueños.

El girasol, estúpido, siguió funcionando.

Congreso internacional del miedo 

Provisionalmente no cantaremos al amor,
que se ha refugiado más abajo de los subterráneos.
Cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos,
no cantaremos al odio porque ese no existe,
existe tan sólo el miedo, nuestro padre y nuestro compañero,
el miedo enorme de las regiones agrestes, de los mares, de los desiertos,
el miedo de los soldados, el miedo de las madres, el miedo de las iglesias,
cantaremos el miedo de los dictadores, el miedo de los demócratas,
cantaremos el miedo de la muerte y el miedo de después de la muerte,
después nos moriremos de miedo
y sobre nuestas tumbas nacerán flores amarillas y miedosas.

Privilegio del mar 

En esta terraza mediocremente confortable,
bebemos cerveza y contemplamos el mar.
Sabemos que nada nos ocurrirá.

El edificio es sólido y el mundo también.

Sabemos que cada edificio abriga mil cuerpos
que trabajan en mil compartimentos iguales.
A veces, algunos se insertan fatigados en el ascensor
y vienen aquí arriba a respirar la brisa del océano,
lo cual es privilegio de los edificios.

El mundo es realmente de cemento armado.

Ciertamente, si hubiera un crucero loco,
fondeado en la bahía frente a la ciudad,
la vida sería incierta… improbable…

Pero en las aguas tranquilas sólo hay marineros fieles.
¡Qué cordial es la escuadra!

Podemos beber honradamente nuestra cerveza.